Grupo Zen de Puerto Vallarta

English


Perdón

Perdonar a nosotros mismos

Buenos días a todos. Quizás será la última vez que tengamos en este grupo de estudio el tema del perdón, y siento que debo pedir perdón porque hay muchas cosas que no hemos dicho. Espero que podamos seguir aprendiendo como perdonar y como recibir perdón en adelante.

Dijimos que perdonar significa dejar ir el enojo, el resentimiento y el culpar que traemos mucho tiempo después de que alguien nos ofendió. Es algo que tenemos que hacer para nosotros mismos. Y no es algo que tenemos que hacer para ellos. Perdonar tendría que ver más con la ofensa, que con el ofensor. Sugerí que podemos no pedir perdón, pero sí podemos buscarlo. Y la manera de buscarlo es reconocer nuestra responsabilidad de causar dolor y sufrimiento y comprometernos en el camino que alivie el dolor y el sufrimiento, el camino de beneficiar a todos los seres. Ser perdonado significa que podemos sentir algún alivio porque alguien a quien hemos ofendido, se ha librado del sufrimiento que resultó de nuestra acción. La pregunta para el día de hoy es: ¿Cómo funciona esto cuando nosotros somos ambos, el ofensor y el ofendido? ¿Cómo podemos perdonarnos a nosotros mismos?

Solemos escuchar que tenemos que amar y cuidar a otra gente tanto como nos amamos y nos cuidamos a nosotros mismos. Al considerar como nos juzgamos y no nos perdonamos, no es de extrañar que haya tantos problemas en el mundo. Tal vez tenemos que poner al revés este consejo. Debemos mostrar consideración a nosotros mismos tanto como mostramos consideración a los demás.

No es difícil ver lo valioso que es tratar a los demás con compasión y entendimiento. Nuestra cultura lo promueve en cierta medida. Sin embargo, a menudo sentimos que no debemos de ofrecer esta misma compasión y entendimiento para nosotros mismos. Nos ha sido enseñado que es egoísta y malo hacer eso.

Yo pienso que es igual de egoísta pensar que merecemos un trato peor que los demás que, pensar que merecemos un trato mejor. En ambos casos, nos ponemos como algo separado y contra todo lo demás. Cuando tomamos el voto de beneficiar a todos los seres, ¡tenemos que recordar que este incluye a nosotros!

¿Por qué es tan difícil perdonarnos a nosotros mismos? Yo pienso que en parte es porque en el fondo creemos que todas nuestras excusas son fraudulentas. Negamos la responsabilidad de nuestra ofensa, pero en algún nivel todavía nos sentimos culpables, avergonzados e indignos. Tratamos de esconderlo de los demás. Sobre todo nos intentamos esconderlo de nosotros mismos, pero eso tiene consecuencias. Entonces, el primer paso es empezar a destapar todas las cosas que hemos estado negando, todas las cosas sobre nosotros que tememos sean verdaderas. Es probable que ya sepas cuales son algunas de estas cosas para ti mismo.

Yo idolatraba a mi hermano mayor. Cuando yo tenía 7 años y él 12, vivíamos en una granja pequeña. Había una casa pequeña al lado de la nuestra que rentábamos a un chino llamado Jim que era alumno de un colegio cercano. Una vez mi hermano empezó a hablar mal de los chinos y de Jim. Mis padres nunca hablaban de esa manera, y le dijeron a mi hermano que sus comentarios fueron inaceptables. Pero me impresionaron más él y sus comentarios que la negación de mis padres. No importaba que Jim siempre me trataba bien, y que le gustara.

Una vez cuando Jim no estaba, entré en su casa y tiré sus cosas en desorden. Escondí cosas, tiré la basura sobre el piso, y otras cosas. En mi cerebro de 7 años no consideraba que hubiera consecuencias. Por supuesto, mis padres se enteraron. Tuve que pedir el perdón de Jim y arreglar todo el lío que yo había hecho. Nunca había visto a mi padre tan enojado. Me dijo que no iba a darme palmadas en el trasero, que hubiera sido el castigo máximo para mi en ese entonces. Dijo que estaba tan enojado que temió que su enojo pudiera estallar en violencia. Todavía recuerdo esas palabras como el castigo más fuerte que recibí de él. Además, dijo que mi hermano fue también culpable aunque no participó en el vandalismo, porque mi padre sabía que sus comentarios racistas habían causado el incidente.

Hace más de 50 años y todavía tengo vergüenza por lo que hice como muchacho. Pero le he perdonado. Sé que ya no soy eso niño de 7 años. Entiendo que él quería ganar la aprobación de su hermano y que no sabía de lo bueno y lo malo. Sé que en su mente inmadura solamente buscaba amor y aprobación.

Es el ejemplo de una manera en que podemos empezar a perdonarnos a nosotros mismos. Podemos reconocer que ya no somos la persona que cometió esa ofensa. Es verdad aún si la ofensa estuvo ayer o siquiera hace 5 minutos. Ya no somos esa persona. Luego reconocemos el sufrimiento de esa persona que le llevaba a ofender. Dejamos que la ofensa se vaya, y hacemos nuestra intención que no volveremos a repetirlo. Tendríamos que hacer eso muchas veces.

En mi ejemplo, ofendí a Jim, y él me perdonó. Ofendí a mi padre, y él me perdonó. Pero cuando hablo de perdonarme a mi mismo, ¿Quién estuvo ofendido? ¿Quién fue el ofensor? Para mi, no es fácil dar una respuesta. Me ofendí porque causé sufrimiento en otros. Yo sufría porque sabía que la acción no tenía virtud, no tenía compasión, ni trajo armonía. Mi ofensa era contra la virtud, la compasión y la armonía. Mi ofensa era contra los tres tesoros: Buda, Dharma y Sangha.

Y por eso, el perdón para mi mismo tenía que venir a través de los tres tesoros. En alguna manera debí de reconocer o aceptar que en el reino de los tres tesoros no hay posibilidad de resentimiento, no hay ningún lugar donde puedan pegarse el enojo o la culpa.

Hice una búsqueda sobre el perdonarse a uno mismo en un sitio del internet acerca de la Biblia. "Contestaciones a preguntas sobre la Biblia" punto com. La respuesta que vino es que la Biblia no menciona perdonar a uno mismo, ni una vez. No hay tal concepto en la Biblia. Según esa organización, el asunto no es perdonar a nosotros mismos. El verdadero asunto es que tenemos que aceptar que dios nos perdona.

No importa si decimos "dios" o "los tres tesoros" o "el gran misterio", perdonar a uno mismo viene de un lugar mucho más grande que nuestra vista estrecha de quienes somos o de lo que hemos hecho. Y perdonar a uno mismo no se encuentra por pensar o por analizar. Viene de algún sitio más allá de nuestros pensamientos y nuestras sensaciones, mas allá de nuestro yo pequeño. De hecho, creo que esta es la fuente de todo el perdón, que aceptamos perdón para nosotros mismos y lo ofrecemos a otros a través de nuestra conexión misteriosa con "el todo."

Para mi esto es lo que significa el Padre Nuestro cuando dice "perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden." Encontramos perdón para otros y para nosotros mismos cuando nos unimos con el gran misterio. Si no podemos encontrar perdón para los demás, tampoco podemos encontrarlo para nosotros mismos. Entonces el Padre Nuestro nos recuerda que nuestro propio perdón radica en el mismo lugar que encontremos perdón para los demás. Es el único lugar donde puede ser encontrado. Pero no está allí en la superficie. Toma tiempo y práctica. Toma abrir nuestros corazones, exponer nuestras vergüenzas, y soltar nuestro hábito fuerte de creer que somos indignos.

Para hacer esto, necesitamos ir más allá del análisis y nuestro entendimiento intelectual. Necesitamos ir más allá de nuestros pensamientos. Sin duda necesitamos ir más allá de las pláticas sobre el perdón. Quiero contarles una anécdota de una plática de Dharma dado en Mar de Jade por Daigan Lueck, un maestro del Centro Zen de San Francisco.

Daigan habló de la ira que tenía cuando vino a practicar el Zen, y como su ira seguía en su práctica. Estaba enojado con todo el mundo, cosas y personas por igual. Sabía que su enojo se lo estaba comiendo, pero saber eso no ayudaba a soltar el enojo.

Una vez se sintió desesperado, incapaz de tomar un aliento más. Fue a su maestro y dijo "¿Qué puedo hacer yo?"

Y su maestro le dijo: "Tengo una práctica maravillosa para ti, y garantizo que funcionará". Dijo: "Cada día en tu hogar haz postraciones." Haz 108 postraciones cada día. No hay que hacer todas a la vez, justo haz 108 postraciones en el curso de cada día. Y con cada postración di 'Te perdono".

Daigan dijo: "OK, pero ¿a quién le estoy dando el perdón?" y su maestro dijo "Te vas a enterar."

Entonces Daigan siguió esta práctica, día tras día haciendo 108 postraciones y diciendo "Te perdono" 108 veces. Y un día en medio de hacer esto, se echó a llorar. Lloró y lloró y por fin se dio cuenta de a quien tenía que dar el perdón.

Dijo: "No preciso decir quien era... Todo el mundo sabe quien era." Daigan dijo que tenía un sentido de gratitud profundo por haber encontrado una práctica que pudiera hacer.

Todavía quedan muchas cosas importantes para decir sobre el perdón. Que siga la conversación.

Gracias por tu práctica.

© 2007, Burai Rick Spencer


• Intro • ¿Qué es imperdonable? • ¿Es obligatorio? • El proceso • Buscar • Perdonar a uno mismo • Más allá • Referencias •


invitaciónubicacióncalendariotextosenseñanzascontactosdonar