Grupo Zen de Puerto Vallarta

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Meditación Zen: ¡No es lo que piensas!

No Yo

Hay una historia sobre un niño que vivía en China hace muchos años. Su familia debió ser rica ya que el niño tenía un tutor privado. Estudiaban el Sutra del Corazón y cuando llegaron al parte que dice “no hay ojo, ni oído, ni nariz, ni lengua, ...” el niño se detuvo y se palpó a su cara.. Luego preguntó a su tutor, “Yo tengo ojos y oídos y nariz y lengua, ¿porque dice el sutra que no?” El tutor reconoció que esa era una pregunta muy importante, pero no supo como contestar. Arregló para el niño estudiar con un maestro Zen. Después de años estudiando el Zen, el niño llegó a ser Dongshan, el fundador de la escuela del Zen Soto, la escuela en que yo practico.

Una enseñanza fundamental del Buddha es “no yo.” Pero palpamos nuestros cuerpos, cantamos y gritamos, construimos y destruimos, y luego decimos, como el niño Dongshan, “Yo existo! Como puede decir el Budismo que no?”

Hay un sutra del canon Pali sobre esto. Un caminante le preguntó al Buddha, “¿Existe un yo?” y el Buddha no contestó. Luego preguntó el caminante, “Entonces ¿No existe un yo?” Y otra vez el Buddha no contestó. El caminante se levantó y se fue. El Sutra no dice si se fue enfadado o confundido o si se fue satisfecho. Solamente dice “se levantó y se fue.” Después de eso, Ananda, el asistente del Buddha, le preguntó al Buddha, “Porque no le contestó?” Y el Budda dijo, “Si yo hubiera dicho, 'sí hay un yo,' estaría exponiendo la concepción eternalista, la teoría del alma eterna, con la que no estoy de acuerdo. Pero si dijera que el alma no existe, el caminante podría pensar que estaría exponiendo la concepción nihilista, la idea de que una persona no es más que un organismo psicofísico que quedará completamente aniquilado con la muerte. Y tampoco estoy de acuerdo con eso punto de vista. Además el pobre caminante preguntaría, “Es que el yo que yo tenía ya no existe?”

El Buddha enseñó que una de las características de todas las cosas condicionadas es “anatta.” Atta es una palabra del idioma Pali que se suele traducir como “yo” o “alma.” y anatta es su negación: “no yo” o “no alma.” Como podemos entender esto?

Si nos hubiéramos encontrado hace 30 años, me hubieras encontrado un hombre satisfecho con su vida. Era un marido cariñoso y un padre orgulloso y feliz. Mis compañeros me veían muy trabajador y me respectaban. Gozaba de buena salud. No pensaba que mi vida era perfecta, pero era buena. Desde luego, algo sucedió. Tuve un año difícil. Mi esposa me dejó para otro hombre y quiso un divorcio. El grupo que me empleaba encontró problemas de financias y perdí mi trabajo. Encima de eso, llegué a ser diabético. Tuve que comenzar tomando la insulina y se cambió mi relación con la comida y con mi propio cuerpo. Me sentí como si me había muerto. La persona que había pensado que era, fue definido por mi posición familiar, mi carrera y mi cuerpo. Me sentí que todas esas cosas se habían derrumbado. La persona que andaba seguro que yo era, ya no existió. Sin embargo, allí estuve, o había una conciencia de estar. No entendí como eso era posible. ¿Como pudo ser que todas las cosas que me definían ya no estuvieron, pero todavía me quedé?

Esto es un ejemplo de la enseñanza que no hay ninguna cosa que sea el yo. Si examinamos de cerca, tenemos que admitir que lo que nos llamamos “yo” no es el cuerpo, ni los pensamientos, ni los sentimientos ni los amistades. En mi entendimiento, eso dice que cuando buscamos el yo, no hallamos ninguna cosa a que podemos apuntar. Habría algo más allá del conocimiento, fuera de nuestro alcance, pero casi es una blasfemia llamarlo “yo” o siquiera decir “hay algo.” Es verdad no solamente de lo que solemos llamar “nosotros mismos,” sino de lo que solemos llamar “cosas.” Pensamos que sabemos lo que una cosa es, Pero por cuanto más te acerques, lo más difícil te encuentras conocerla. Eso es algo que la ciencia moderna también se está aprendiendo. Una cosa se desvanezca cuando acercamos, y algo nuevo aparezca en su lugar. Pero eso también se vuelve huidizo. Al cabo no hay nada para agarrarse. Cualquier cosa que intentamos usar para aferrar el ancla, cualquier cosa que agarraríamos, acabará escapándose entre los dedos. Cada vez tenemos que decir “no es eso.” No podemos hallar ninguna cosa que sí es eso.

No podemos negar que hay una experiencia de un cuerpo, hay sensaciones, percepciones, pensamientos, conciencia. La enseñanza de “no yo” dice, “no trates de agarrar estos como si pudieran componer un yo esencial, porque no pueden. No pienses que ellos son eternos, constantes. No los son. Pero nuestro ego quiere creer en ellos y agarrarlos. Intentamos imponer un yo y luego defenderlo desesperadamente y al hacer eso sufrimos mucho y hacemos que los demás también sufren.

En Tassajara, el monasterio del Centro Zen de San Francisco, hay una práctica para cada monje nuevo dar una plática corta sobre su camino. Se llama una plática de la mente que busca el camino. Cuando fui allí escuché a muchos de ellas. Casi cada una es una historia de un choque doloroso con la insustancialidad de la carrera, del cuerpo o de las relaciones con seres queridos. Desde estas pérdidas, surge la pregunta “Si no soy esas cosas, quien soy?” Y para ellos esta pregunta los llevó al monasterio.

Dijo Ayya Khema,

Esa persona con quien he estado tan preocupado, esa persona tratando de hacer eso o aquello, esa persona quien sería mi seguro para una vida feliz – cuando localizo esa persona – la verdad es que no existe esa persona. Qué espantosa e insegura es esa idea. Que sentimiento de temor surge. Pero de hecho es justo lo opuesto. Si aceptas y soportas eso espanto y pasas a través de ello, llegas a un alivio pleno y completo.


Para hacer eso, para llegar allí, necesitamos conocer las causas y condiciones relacionados con ese sentido del yo. No en una manera intelectual, sino más íntimo. Necesitamos ser íntimos con nuestros cuerpos, conocer nuestras sensaciones, percepciones, nuestros pensamientos y nuestra conciencia: los 5 agregados citado en el sutra del corazón. Cuanto sea posible hacer eso, podemos dejarlos ir. Soltarlos. No intentamos hacer eso en zazen. Nosotros no podemos intentar que ese sucede. El hecho de intentar está completamente dentro del ego, del apego. Lo que sí podemos hacer es solamente sentarnos en zazen y nos dejamos ver lo que sucede. Tu no puedes desprenderte. El desprendimiento se desprende.

El primer ancestro del zen en china era Bodhidharma, un monje de la india. Una vez un buscador vino y le suplicó a Bodhidharma:

“Maestro, por más que lo intento no puedo apaciguar mi mente.”
“Si me traes esa mente, la apaciguaré” le dijo Bodhidharma.
Después de unos días regresó el discípulo,
“Es que, maestro, por más que trato de encontrarla, no la hallo.”
“¡Ya he apaciguado tu mente!” Concluyó el maestro.

© 2006, Burai Rick Spencer
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